Confesionario

LA TERRIBLE ADOSLESCENCIA

15 diciembre, 2016

los terribles dos

*Fotografía de mi nueva colaboradora Lola Pisón

Obtener un no por respuesta nunca es agradable. Obtener 78 noes por respuesta en un mismo día puede volver loca a cualquiera. Creo que solo las que estáis pasando por los terribles dos o las que ya los habéis pasado sabéis bien de qué estoy hablando.

Mi chica grande está ahora en esa etapa. Acaba de cumplir los 3 años y estamos en ese momento en el que no quiero (no lelo, para ser más exactos) es la respuesta por defecto a todo lo que se le propone.

Así sin pensar mucho me vienen a la mente varias escenas cotidianas de nuestro día a día con las que supongo que más de una os sentiréis identificadas.

- Aitana, cariño, suénate los mocos.

- No lelo.

- Aitana, cariño, ponte las zapatillas.

- No lelo.

- Aitana, cariño, vamos a cortar las uñas.

- Que no leeeeeeeeelo.

- Aitana, cariño, vamos a poner el pijama.

- Ete yo (es que yo) no lelo.

- Aitana, cariño, recoge ese cuento/juguete/papel donde estaba.

- Que nooooooooo.

Y luego están ya los CONFLICTOS con mayúsculas. Esos que me hacen echarme a temblar cuando sé que se acerca el momento. A saber:

  • Los leotardos pican. Os juro por mi vida que no pican. Pongo un litro de suavizante cada vez que los meto a la lavadora y están suaves como la seda pero se le ha metido en el cogote que pican y de ahí no hay quien la saque. Y, chica, qué queréis que os diga, no soy yo mucho de vestirlas de princesitas y tal pero, aunque entre semana siempre va con chándal o leggings y zapatillas, cuando llega el finde me apetece ponerles un poco monas. Pues no hay manera. Le he comprado tres conjuntos de Bóboli que son súper molones(y conste que no me pagan por decíroslo pero es que desde que he descubierto la marca me tiene enamorada) y cada vez que intento ponerle uno de ellos se monta en casa la 3ª guerra mundial porque los leotardos PIIIIII-CAAAAAAN.
  • Las etiquetas. Y no hablo de las etiquetas de Zara de medio metro cuadrado que nos molestan a todos. Hablo de las que son pequeñas y absolutamente inofensivas. No puede quedar ni rastro. De lo contrario, la prenda en cuestión no tiene ninguna oportunidad de ser la elegida. Obviamente, con esta etiquetofobia que ha desarrollado la niña, os podéis imaginar que ir con ella de compras e intentar probarle varias prendas nuevas en un mismo día se convierte en un ejercicio de autocontrol sin igual. Al final siempre opto por ir a comprar sola y probarle la ropa en casa poco a poco. Un día una camiseta, otro día un pantalón, otro día la pierna derecha de un leotardo, otro día la pierna izquierda del mismo leotardo…
  • La hora del baño también se ha convertido últimamente en un ejercicio de negociación propio de cualquier MBA que se precie. Nunca es buen momento para meterse al agua. Cuando entramos en el baño empieza el momento bautizado como “alela uno coco” (espera un poco) que se desarrolla como sigue:

- Alela uno coco, mamá.

- ¿Pero espera a qué, cariño?

- Alela uno y ya, ¿lale mamá?

- ¿Pero uno y ya qué?

- Uno otiiiiiiito (un poquiiiiiiiiito con entonación de hayquemadremáspesadaaaaa)

Al final siempre me canso de esperar. Tengo bastante paciencia pero llega un momento en el que se acaba y hay que hacerlo a lo burro porque no sirve ningún tipo de treta o argumento. La meto llorando y pataleando y a los dos minutos se le pasa y ¿a que no adivináis qué? Luego no quiere salir y tengo que alelar uno coco para dar por concluida la misión.

Y así transcurre mi día a día, sin saber muy bien si reír, llorar o coger las maletas y escaparme al caribe una temporadita.

¿Cómo estáis llevando vosotras esta etapa? ¿Os suenan de algo estas situaciones? ¿Cuáles son los detonantes de guerra mundial en vuestras casas?

La buena noticia es que, en breve Natalia Ángel nuestra experta en Montessori, nos dará unas pautas para intentar ayudarnos a hacer más llevadero nuestro día a día, guiándonos ante estas desesperantes situaciones.

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1 Comentario

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    Responder Ana 15 diciembre, 2016 at 13:59

    En mi casa el momento fatídico es la hora de echarse a dormir…bien sea la siesta o la noche. Prefiere jugar, ver buscando a nemo por septuagésima novena vez, ahora salto en la cama, mama llevame a la cama tu y me cuentas el cuento de nemo…..y así tooooodos los días. Pero el momento cuento en la cama de mi hijo me encanta.

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